¿Son realmente eficaces las frases motivadoras?

«¡Sólo hazlo!», «¡Si lo crees, puedes lograrlo!».

 Éstas son sólo algunas de las innumerables frases motivadoras con las que nos encontramos cada día. 

Pueden ser frases totalmente genéricas o citas de personajes ilustres de la historia que encierran una píldora de sabiduría o conocimiento.

Las leemos, reconocemos la verdad que hay en ellas, nos inspiramos…

¿Y luego qué?

frases motivadoras

Las frases motivadoras pueden parecer inspiradoras, pero en realidad no nos ayudan a acercarnos a nuestros objetivos. 

De hecho, pueden ser más perjudiciales que útiles.

Si quieres saber por qué… ¡Sigue leyendo!

El problema de las frases de motivación

Tienes un objetivo/proyecto en mente o un sueño que cumplir

Pero no avanzas.

Días tras día no encuentras el hueco, tiempo, espacio, recursos… para ponerlo en marcha.

Entonces entras en internet y buscas: “frases motivadoras y cortas”

Y ahí están… decenas de blogs que te ofrecen cientos de frases motivadoras para la vida.

Las lees y te inspiras.

Pero al poco tiempo…

Sigues igual.

¿Te suena?

Las frases motivadoras son como las tiritas; pueden proporcionar un alivio temporal pero, en última instancia, no abordan el problema subyacente. 

Por ejemplo, si alguien quiere empezar a ponerse en forma no vale con decir «hazlo» o «cree en ti mismo»

Tampoco vale leer en internet:

«No puedes poner un límite a nada. Cuanto más sueñes, más lejos llegas.»  – Michael Phelps.

Las frases motivadoras también tienden a ser demasiado simplistas e ignoran las complejidades de la vida. Sobre todo de la mente humana.

Se necesita mucho más que una frase inspiradora para ponernos en marcha.

Falta de motivación

¿Alguna vez te has planteado un gran reto? ¿Algo que a priori parece muy complicado y casi imposible?

Seguro que sí. 

Me ha llegado gente diciéndome algo así: “Quiero hacerlo pero… ¿Me falta motivación?”

Ahora te quiero contar una cosa importante. 

A lo mejor no lo has escuchado nunca y por eso puede que cuando lo leas tu mente proteste y te den ganas de cerrar el blog…

No existe algo así como la falta de motivación. 

No tener motivación es sencillamente imposible. 

A no ser que estés muerto y si si estás leyendo esto… espero que no lo estés.

Cada acción que emprendemos en el día tiene una motivación. 

Es decir, hay un propósito o una intención… cada acción intenta conseguir algo.

Seas o no consciente de ello.

De hecho, lo más normal es que cada acción tenga múltiples motivaciones.

¿Qué es la motivación?

Motivación significa: deseo de hacer algo.

Ya está.

No es un sentimiento. 

Muchas personas confunden la motivación con los sentimientos y se sienten:

Motivados si están positivos, animados, inspirados, entusiasmados…

Desmotivados cuando no tenemos esos sentimientos agradables.

Si confundes la motivación con los sentimientos vas a quedarte atascado, porque no vas a iniciar ninguna acción importante para ti a no ser que te sientas positivo, animado, inspirado, entusiasmado…

Y tú y yo sabemos que eso no sucede muy a menudo.

Esperar a sentirnos bien (“estar motivados”) para tomar acción es simplemente la fórmula perfecta para no actuar nunca.

Si lees una frase motivadora, ese sentimiento agradable (inspiración, entusiasmo…) aparece a corto plazo y luego se desvanece.

Necesitas una solución a largo plazo.

¿Cómo encontrar la motivación?

Como te decía anteriormente: NO necesitas encontrar la motivación, porque sencillamente es imposible no tenerla.

Ahora es cuando tu mente protesta.

“Yo no tengo deseos de quedarme en el sofá viendo Netflix en vez de ir al gimnasio. Yo deseo ir a ponerme en forma pero es que… (inserta excusa)”

Verás… cuando nos quedamos en el sofá viendo Netflix lo hacemos por una motivación. Por el deseo de evitar el malestar y la incomodidad que nos supone ir al gimnasio.

Simplemente la motivación de evitar experiencias desagradables es mayor que la motivación para actuar en consecuencia con nuestros valores.

Lo que buscas no está aquí

Quizás algún día lo estuvo, quizás algún día lo estará.

De lo que puedes estar seguro es que ahora no está.

Puedes lamentarte. También puedes maldecirme por Twitter. O llamar a un colega y salir a celebrar la vida. 

O puedes apuntarte a mi newsletter.

De todas las opciones que te he dado, la más tentadora es la primera. La mejor, la última.

Pero la única que te dará un sistema para dejar de creer las excusas que te pone TU MENTE y pasar a la acción es apuntarte a la newsletter.

Cada día un consejo para lidiar con tu mente. Día que estás fuera, consejo que pierdes:

Si las palabras motivadoras y las frases de motivación no sirven… ¿Entonces qué hago?

Lo más importante es que hoy has aprendido que la motivación no es un sentimiento, sino un deseo de hacer algo.

Ahora es mucho más fácil que influyas en tu comportamiento sabiendo que NO tienes por qué esperar a sentirte bien, optimista, inspirado, entusiasmo… para actuar.

Puedes valorar las diferentes motivaciones que te asaltan y elegir aquella que esté más de acuerdo con tus valores.

Es decir, la próxima vez que te sientas “desmotivado” reconoce que hay dos deseos (motivaciones) a la vez:

El deseo de evitar el malestar

Deseo de actuar con respecto a tus valores

Como puedes ver, cada motivación te dirige a dos lugares muy distintos.

En última instancia tú eres el que elige.

Ahora bien (spoiler alert)…

Una vida regida por la evitación es mucho menos gratificante que una vida vivida con valores.

El “problema” es que NO podemos evitar que nuestra mente prefiera evitar la incomodidad a corto plazo. 

Es un instinto humano básico.

Sin embargo, si queremos reconocer este deseo de evitación y decidir aun así actuar de acuerdo con nuestros valores, necesitamos un cambio importante en nuestros esquemas mentales.

 ¿Y cómo lo consigo?

Eso te lo cuento en mi newsletter. 

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